Ayuda a tu cuerpo a regenerarse y recupera tu salud Parte III. Nutrición intestinal

«El hombre se alimenta de lo que digiere y no de lo que come» (Manuel Lezaeta)



El enfermo no sabe lo que tiene porque, insensible y progresivamente va perdiendo el control de su salud; además, cree que no hay enfermedad sin dolor y, si no siente dolores en su cuerpo, se cree libre de todo mal. Hay personas que se jactan de poder comer de todo sin que nada le haga mal, pues no sienten nada por mas desarreglos que haya en su organismo. Sin embargo, ellos han conocido personas que sin tener que haber estado nunca en cama, de pronto un día cayeron fulminadas por una muerte repentina. Como el dolor es una defensa orgánica, representa actividad vital, de tal modo que cuando se puede hacer una vida desarreglada, suele suceder que la sensibilidad del organismo está embotada por intoxicación, característica del enfermo crónico.



El valor nutritivo de un alimento no está en su composición química, sino en su grado de digestibilidad. El alimento indigesto, en lugar de nutrir intoxica. Está demostrado que el único régimen fortificante es el que asegura una buena digestión, la cual depende, en primer término, de la temperatura del tubo digestivo.


Las otras condiciones indispensables a una buena digestión son: comer alimentos adecuados en calidad y cantidad y combinados de manera conveniente.


"La vida civilizada lleva al hombre al desequilibrio de las temperaturas de su cuerpo, afiebrando diariamente sus entrañas con la cocina y debilitando el calor de su piel con ropas y abrigos inadecuados. De aquí el origen de todo desarreglo funcional que se inicia con resfriados e indigestiones."


En relación a la dieta preconizaba una alimentación primordialmente vegetariana. Recomendaba básicamente frutas frescas, frutos secos, verduras, semillas germinadas, pan integral, cereales, queso fresco, cuajada, yogur... básicamente alimentos sanos y naturales con predominio de los crudos y exclusión de la carne.


Aquí algunas pautas de alimentación que el Dr. Manuel Lazaeta comparte en su libro:

No comer sin hambre. No existiendo éste sólo podrá comerse crudo; frutas o ensaladas.


Al desayuno, solamente fruta cruda de la estación o seca si no hay fresca. A falta de ésta, un plato de quaker crudo remojado en agua fría 20 o más minutos y endulzado con miel o fruta dulce como pasas, higos o plátanos.


A mediodía, almuerzo libre si hay hambre, prefiriendo ensaladas con aceitunas o huevo duro picadito, hortalizas de la época con nueces, tortilla de verdura o ésta revuelta con huevo, quesillo fresco, poco pan y mejor integral y tostado. Evitar embutidos, frituras y aliños como pimienta o mostaza.


A la caída del sol, comida: si hay hambre se puede comer como en el almuerzo, pero menos cantidad, generalmente bastará alguna ensalada o un poco de fruta cruda.


El pan es mejor todo de trigo – integral- o tostado para evitar que estriña.


Comer pausadamente y bien ensalivado. Las comidas apresuradas son indigestas.


En efecto, como higiene la alimentación natural es medio seguro para evitar enfermarse, porque, dependiendo todas las funciones orgánicas de la calidad de la sangre y, siendo ésta producto de la nutrición general y especialmente de la digestión, los alimentos adecuados producen sangre pura con tejidos y órganos sanos, al paso que la alimentación inadecuada impurifica la sangre y altera las funciones orgánicas.


Nuestro cuerpo es de la calidad de los alimentos que lo forman y mantienen. Así, una sangre nutrida por frutas crudas será fluida, vitalizada y alcalina, exenta de materias ácidas, pues aun las frutas más ácidas tienen reacción alcalina en la sangre.

Son los ácidos provenientes de las fermentaciones pútridas del intestino los que acidifican la sangre, irritan, inflaman y congestionan los tejidos y órganos nobles de nuestro cuerpo, produciendo los trastornos catalogados con los diversos nombres con que se clasifican los síntomas o manifestaciones diversas de la única enfermedad que existe: impurificación de la sangre por mala nutrición y deficientes eliminaciones.


El intestino se desocupa a lo menos, mañana y tarde. Una sola evacuación en el día es insuficiente, porque demuestra que los residuos de la digestión y también la bilis han sido retenidos más de veinte horas en el cuerpo, con lo que se impurifica la sangre. Lo normal es desocupar completamente el vientre cada ocho horas.





COMBINACIÓN DE LOS ALIMENTOS


LO QUE VA BIEN


Frutas desecadas y miel: Con frutas frescas dulces

Leche, queso y huevos: Con cereales, feculentos y legumbres

Cereales, trigo, maíz, arroz, avena, etc.: Con verduras, raíces o frutas dulces u oleaginosas

Feculentos o tubérculos farináceos: Con verduras y zumo de uvas

Legumbres: Con verduras y mantequilla

Pan, queso, yemas de huevo y nata: Con frutas frescas, dulces en compotas

Verduras, raíces y tomates: Con aceites, frutas óleas y huevos

Frutas dulces: Con yema de huevo y pan

Aceites y frutas oleaginosas: Con tomates, calabazas, berenjenas y ensaladas

Aceites, verduras y raíces: Con huevos, patatas, cereales o legumbres secas

Plátanos y frutas harináceas: Con leche, huevo y frutas dulces

Hortalizas (lechugas, apio, achicoria, etc): Con cereales o patatas

Ensaladas de hojas, tallos o raíces: Con aceite, cereales o patatas

Nueces y aceitunas: Con cereales, hortalizas

Queso, mejor fresco que seco : Con cereales, pan o patatas

Arvejas, frijoles, lentejas, garbanzos, etc: Con hortalizas

Cereales (trigo, maíz, arroz, avena, etc: Con frutas secas dulces

Huevos, mejor bien cocidos: Con toda clase de vegetales

Pan, mejor integral: Con frutas dulces, hortalizas, leche, miel, huevos, aceite



LO QUE VA MAL


Huevos, leche o queso : Con miel, frutas frescas o secas

Cereales y legumbres: Con castañas o plátanos

Cereales, trigo, maíz, arroz, avena, etc.: Con patatas, fideos, masas

Cereales y feculentos: Con frutas ácidas

Frutas oleaginosas y aceites: Con frutas dulces, miel y azúcares

Crustáceos, carnes, peces y aves: Con frutas frescas y dulces

Vinos y sal: Con sandía o leche

Limón, otras frutas ácidas y vinagres: Con tomates, leche, castañas, plátanos, cereales, feculentos y legumbres

Leche, queso y huevos: Con ensaladas crudas, hortalizas, tomates o frutas jugosas

Huevos: Con queso o lecheFrutas: Con hortalizas

Miel o azúcar: Con hortalizas

Aceitunas o nueces: Con miel, azúcar o frutas dulces


Para evitar los inconvenientes de las malas combinaciones, la mejor regla será simplificar cada comida a uno o dos productos, variando éstos en las distintas comidas del día o mejor cada día, para proporcionar al organismo los variados materiales que necesita y que son azúcares, albúminas (poca para los adultos), hidratos de carbono y sales minerales.


La cantidad es también otro factor que interviene en la digestión, siendo la regla general que para asegurar ésta, jamás de debe comer sin hambre y que toda comida debe terminarse dejando algún deseo por satisfacer pues nos alimentamos de lo que el cuerpo asimila y no de lo que introducimos en exceso.


Condición de una buena digestión es, por fin, la tranquilidad nerviosa y para obtenerla, debemos evitar disgustos y preocupaciones, antes, durante e inmediatamente después de las comidas.

Fuente: La Medicina Natural al Alcance de Todos (Dr. Manuel Lezaeta Acharán)


«Que tu alimento sea tu medicina y tu medicina tu alimento» (Hipócrates)


Si te perdiste las primeras 2 publicaciones, aquí te dejo los links para que puedas consultarlos:


Parte 1 nutrición pulmonar

Parte 2 nutrición cutánea


También esta publicación puede orientarte acerca de quién es el Dr. Manuel Lazaeta y cómo llegó a estas conclusiones


Quién fue el Dr. Lazaeta


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