¿Quién fue el Dr. Lazaeta?

He compartido contigo un par de publicaciones basadas en la doctrina térmica del Dr. Lazaeta, pero, quién fue este personaje y cuál es su legado?





Nace en Chile en el seno de una familia de 15 hijos. Cursó sus estudios en el Colegio de los Padres Franceses (de calle Alameda). En 1899 ingresó a la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile. Ese año, debido a su vida disipada, enfermó de sífilis y gonorrea simultáneamente. Eran enfermedades de difícil cura en esa época ―ya que no existían los antibióticos―, lo que le llevó a suspender sus estudios, para iniciar una larga e infructuosa serie de tratamientos en manos de sus profesores y destacados especialistas de la época, a pesar de lo cual llegó al punto de ser desahuciado.


Él mismo platica que sin planearlo, un día encontró al que le ayudaría a sanar y se convertiría su maestro.


Huyendo de mi mismo, llegué un verano a un pueblo del sur de Chile y la víspera de mi regreso a la capital, un monje capuchino tropezó conmigo a la salida del hotel que habitaba y, mirándome fijamente me interrogó: “¿Has venido a verme?” _no padre, contesté. _ “Anda a mi consulta, porque estás muy enfermo”

Cito puntual lo que en su libro de Medicina al alcance de todos, el propio Lazaeta comparte:

Abatiendo el orgullo profesional que a los alumnos se inculca en la Escuela de Medicina, me presenté a la consulta del Padre Tadeo, quien observando mi garganta me dijo: “Da gracias a Dios de estar aquí, porque estás tan enfermo que, si no sigues mi tratamiento, te vas a morir muy luego


Recibí la “receta” que prescribía paseo a pie desnudo por el rocío del pasto al salir el sol, frotaciones y chorros de agua fría a distintas horas; envolturas de todo el cuerpo, alternando convapores de cajón, excursiones con ascensión de cerros, etc.

Aun cuando me parecía dificil que con estas originales prácticas pudiera recuperar mi perdida salud, me sometí a ellas con puntualidad y constancia.





Antes de quince días de este tratamiento, para mí se abrió un horizonte de felicidad y bienestar desconocido, pero, al mismo tiempo apareció abundante flujo uretral que los médicos me habían “curado” años anteriores, sofocando su expulsión del cuerpo y obligando a éste a retener esas materias corrompidas que me causaron inflamación prostática, estrechez de la uretra y hasta retención de orina. También se me hincharon los ganglios de las ingles, axilas y cuello, apareciendo además erupciones y llagas en todo mi cuerpo.

Con estas novedades volví a la consulta y le dije: “Me estoy pudriendo, Padre, vea lo que me pasa”…”Estas salvado, ahora vas a expulsar la enfermedad que los médicos te echaron en la sangre”, fue su respuesta.


Más de un año estuvo mi cuerpo eliminando pus por la uretra, llagas y postemas, sin notar ninguna complicación y sintiendo cada día la felicidad de vivir nunca antes conocida la que Dios gracias conservo hasta la fecha que tengo 77 años de edad.



Ante la elocuencia de estos hechos, me di cuenta que las drogas eran incapaces de devolver la salud perdida y que ésta sólo podía mantenerse y recuperarse, mediante la acción de los agentes vitales que ofrece la Naturaleza en el aire, la luz, el sol, el agua fría, la tierra, frutas y vegetales crudos. Tomé entonces la resolución de dedicar mi vida entera al estudio, práctica y difusión de la verdad en cuanto a salud se refiere, la que providencialmente había llegado a conocer al margen de la medicina facultativa.


Durante nueve años seguí a su lado las sabias enseñanzas y prácticas del Padre Tadeo de Wisent. Habiendo abandonado Chile este sabio capuchino alemán, para ir a curar a los leprosos de Colombia, me dediqué a estudiar las obras de sus maestros, especialmente del célebre cura de Woerishoffen, monseñor Sebastián Kneipp.


En la siguiente publicación hablaré un poco más general sobre la doctrina térmica y cómo practicarla.

Si te perdiste las primeras publicaciones de este tema, día clic en los siguientes enlaces:


- Ayuda a tu cuerpo a regenerarse y recupera tu salud. Parte I

- Ayuda a tu cuerpo a regenerarse y recupera tu salud Parte II. Nutrición cutánea


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